Hace poco tiempo me colgué leyendo INTRIPER, y leí de corrido varías historias “emocionales” mezcladas o nacidas a través de los viajes. No sé si es cierto lo que cuentan, pero me inspiró para escribir esta historia. Después de haberla contado a mis conocidos tantas veces, es un buen relato para mostrarles algo de un pueblito perdido en el sur de Italia: Rocca Imperiale. Donde encontré la historia y los antepasados de mi apellido y mi familia.

Corría el 2002, pleno quiebre económico, fui una más de los que agarró doble indemnización, armó la valija y se fue a intentarlo. Ya en Europa quise hacer la ciudadanía Italiana desde allá porque necesitaba conseguir la partida de nacimiento de mi abuelo italiano. Teníamos por todo concepto de información “que había nacido en Cosenza”

Llegue a la ciudad una noche de domingo por la tarde. Imagínate que si en Milán (que es grande), te cuesta encontrar negocios abiertos los domingos por la noche; Cosenza que es un pueblito, un domingo es: ….la nada misma. Había viajado varias horas en tren desde Roma y tenía hambre! HAMBRE. El único bar abierto era un cuasi-antro de 4 mesas donde el único y “primo piato” era: gnocchis con tuco “con peperoncino” o “sensa peperoncino”

Por ese entonces no tenía idea del idioma italiano, además tenía nublada la materia gris producto del cansancio y el hambre, le dije que sí: CON peperoncino. El mozo del antro que me atendió (con la colilla del cigarrillo en la boca, lo juro), me miró, se sonrío y me dijo “eh, va bene”

Con el primer ñoqui casi se me derrite la garganta, y con el segundo tuve una idea de lo que se siente con la combustión interna. El mozo volvió a sonreír, se dio la vuelta y volvió a los 30 segundos con un plato “sensa” y lo recuerdo con mucho cariño solo por eso.

Ya con la panza llena volví al Hotel a dormir para empezar la búsqueda de mis antepasados. La investigación en la comuna de Cosenza no dio ningún resultado, pero si la pista que necesitaba: el apellido Brunacci estaba registrado, en un pueblo a 100 km de allí, llamado Rocca Imperiale. 

El primer viaje en tren hasta el lugar fue como viajar en el tiempo. No sé explicarlo muy bien, creo que tiene que ver con la sensación intuitiva que se le despierta a uno cuando sabe que está por pasar algo muy importante,intenso; mezclado con un paisaje medieval que se te queda pegado a la retina. En el tren se me acerca el guardia a pedirme el boleto, lo tickea y me habla, me lo quede mirando sin entender, cuando se dio cuenta que no era italiana, comenzó a darme charla y a preguntarme sorprendido que hacía por allí , porque habitualmente nadie elije esos lugares para ir de vacaciones. Le conté sobre mi búsqueda, me escuchó y me dijo que se tenía que ir porque el viaje estaba llegando a su fin (Terminaba en R.I.) no sin antes avisarme que lo esperara en la estación que él me iba a conseguir quien me llevara al pueblo.

No entendía muy bien y no confiaba tampoco, así que simplemente llegamos y me salí de la estación, cuando descubro que para llegar a algún lado tenía que hacerlo con alguien que conociera, iba a ser imposible encontrar la comuna por mi cuenta y mucho menos llegar a ella: el pueblo está alojado alrededor de la ladera de una montaña que en la cima está coronado por el Castillo Svevo antiguo, grande y muy bien conservado.

Rocca-Imp-222
El pueblo sobre la ladera de la montaña.

Estaba a punto de darme media vuelta y volverme, cuando el guardia del tren se me acerca nuevamente, con clara intención de que me estaba buscando y me presentó al maquinista del tren y le entendí “El vive acá y conoce el pueblo y te a llevar” Me dejé llevar por la situación, me subí al auto del maquinista que no me dijo ni hola con cierto miedo creciente. Quince minutos después,estacionó frente a una casa, toco timbre y cuando salió una señora sonriente dijo señalándonos “Brunacci di Aryentina, Brunacci di Rocca Imperiale, Ciao” 

Entre gritos y casi lágrimas de felicidad ( para mí era subreal), me metieron dentro de la casa, me presentaron a todo el familion, y me explicaron que la comuna estaba cerrada por vacaciones, y que tenía que esperar una semana a que abriera para encontrar los papeles que acreditaran el nacimiento de mi abuelo. Querían que me quedara con ellos, pero era demasiado,me volví a Cosenza con la promesa de retornar a la semana siguiente.

Siete días más tarde, recuerdo llegar a la estación y me estaba esperando un auto con 5 personas dentro, él señor Brunacci, la esposa, el hijo, el hermano con la esposa; todos querían conocerme. Resultó ser que este Giovanni Brunacci era il Capo di la Comuna Di Rocca Imperiale Marina. No solo pude conseguir la fecha,folio y acta de nacimiento de mi abuelo y abuela paternos, sino que encontré todo el árbol genealógico. 

La historia es así: mi abuelo paterno Antonio Brunacci, era hijo de Giussepe Brunacci, que a su vez había nacido de un Antonio Brunacci, que a su vez era hijo de otro Giussepe Brunacci, y así intercalados, ya llegando al 1892, un último Giussepe era hijo de Francesca Brunacci ….y padre desconocido. Si, si, el apellido familiar corresponde a una mujer. Antiguamente cuando una mujer quedaba embarazada y no estaba casada, era simplemente una ofensa escandalosa imposible de afrontar para la familia y la enviaban a la otra punta del territorio. En este caso el origen del apellido es del norte de Italia, específicamente de la zona de la Toscana, por eso, cuando nació la rama del sur, fue por la casquivana de Francesca! La experiencia de revisar esos libros donde había que tomar cada hoja con amor infinito y de ir descubriendo historia tan importante para todos los que estábamos ahí (si, a la comuna también fuimos en familia), que fue inolvidable para todos, o bueno, al menos para mí.

Después del papeleo llegó la hora del almuerzo de bienvenida-despedida donde creo que me dieron de comer todas las calorías requeridas para una semana, y por no ser irrespetuosa, dije que si a todo. Cuando casi estaba sin respiración llegó la hora de la despedida real, donde aún sabiendo que no íbamos a volver a vernos, nos abrazamos y nos deseamos cosas buenas …como se hace con la familia.

No eramos nada,y fuimos Brunacci por un día.

 

Acá algunas fotos de fotos, del arcón de los recuerdos.

 

Anuncios